NUESTROS VIÑEDOS
Denominación De Origen Arlanza

Los viñedos y la bodega se encuentran integrados en el Paraje de Valdeazadón, municipio de Mahamud (Burgos) y pertenecen a la Denominación de Origen de Arlanza.
Climatología y Orografía
El hogar de la bodega, el páramo de Arlanza, es un terroir extremo de suaves lomas y pequeñas manchas de bosque, ideal para una viticultura pausada. Situado entre los 870 y 900 metros de altitud, vive un clima continental muy marcado. Inviernos largos y fríos, veranos cortos, secos y fuertes contrastes térmicos de más de 20 °C entre el día y la noche. Esta amplitud favorece una maduración lenta y equilibrada, esencial para vinos de larga guarda. La Finca Valdeazadón cuenta con 47 hectáreas de viñedo propio, obre un total de 55 hectáreas, con suelos arcillosos, calcáreos y arenosos que, junto con la altitud y el clima, dan uvas de gran concentración y acidez precisa. Además del viñedo que rodea la bodega, Buezo recupera pequeños majuelos centenarios y multivarietales de la comarca, preservando el patrimonio vitícola y profundizando en el carácter del terruño de Arlanza.

Variedades de Vid
Desde el principio, hemos apostado y seguiremos haciéndolo, por la mejor variedad tradicional, Tempranillo, pero también tenemos en cuenta las oportunidades que nos ofrece las características del terreno que disponemos, enriqueciéndolo con variedades foráneas que se adaptan a nuestra tierra y climatología y que aportan nuevos matices y sensaciones. Las variedades plantadas son las siguientes:
Tempranillo
PETIT VERDOT
CABERNET SAUVIGNON
MERLOT
En el mapa a continuación se puede apreciar la Finca y las superficies dedicadas a la plantación de las variedades indicadas.


El viñedo viejo
No podía ser de otra manera y, cuando nos enteramos de la existencia de un viñedo viejo de más de 100 años, en un entorno próximo al de la bodega, cuyas viñas iban a ser arrancadas, procedimos a su adquisición y recuperación. Los trabajos han sido duros y la paciencia requerida ha sido mucha, pero el producto conseguido ha merecido la pena.
Este viñedo de uvas tintas y blancas, está situado en el mismo pueblo de Mahamud y tiene una extensión de 2,3 hectáreas.
Las labores de la plantación
Están dirigidas y planificadas pensando en los frutos finales a obtener, todos ellos del mismo nivel de calidad, pero dirigidos a potenciar las peculiaridades que nos aportan las diferentes variedades, suelos, orientaciones, etc. Pensamos y creemos que el factor crítico para obtener un buen vino está en los cuidados que prestemos al terreno y a la viña.
La vid, como ser vivo, va evolucionando a lo largo del año y las estaciones son las que nos marcan las actividades a realizar.
En otoño la viña se viste de ocres y dorados, comienza a prepararse para el descanso. Tras la vendimia, la planta reduce su actividad, las hojas van cayendo y la cepa concentra sus reservas en la madera y las raíces. Es el momento de revisar los viñedos, trabajar el suelo y seleccionar las yemas que serán la base de la próxima cosecha, dejando a la vid lista para afrontar el invierno.

En invierno la vid se encuentra en reposo, es el momento de la poda. La poda es realizada manualmente, planta por planta. Se conservan dos yemas por cepa, siendo eliminados el resto de los sarmientos. Según nos vamos acercando a la primavera la vid empieza a crecer y los brotes son guiados y fijados manualmente a los alambres de las espalderas.

Con la llegada de la primavera y del buen tiempo, las labores se intensifican. La vid continúa siendo frágil y las temperaturas por debajo de cero grados pueden poner en riesgo la vendimia. A su vez, comienza el peligro de los parásitos que nos hace permanecer vigilantes; las colocaciones de rosales cercanos a la viña, nos sirven de detectores para avisarnos de esta amenaza. En este periodo se produce la floración y eliminaremos manualmente los brotes infructuosos que aparecen en la parte más antigua de la planta; continuaremos con el atado, guía y recortado de la vid sobre la espaldera para aprovechar el sol hasta bien entrado el verano.

El verano llena la vid de savia, los racimos de uva se forman, se multiplican y las bayas presentan el tamaño de un guisante. Algunas plantas pueden estar demasiado cargadas de racimos, por lo que procedemos a suprimir parte de la carga, para poder alcanzar la perfecta madurez de la uva. Por último, para que las bayas aprovechen al máximo el sol, se levantan las hojas según la exposición de la parcela, evitando de esta manera la formación de podredumbre y haciendo posible la aireación de los racimos.

- OTOÑO
En otoño la viña se viste de ocres y dorados, comienza a prepararse para el descanso. Tras la vendimia, la planta reduce su actividad, las hojas van cayendo y la cepa concentra sus reservas en la madera y las raíces. Es el momento de revisar los viñedos, trabajar el suelo y seleccionar las yemas que serán la base de la próxima cosecha, dejando a la vid lista para afrontar el invierno.

- INVIERNO
En invierno la vid se encuentra en reposo, es el momento de la poda. La poda es realizada manualmente, planta por planta. Se conservan dos yemas por cepa, siendo eliminados el resto de los sarmientos. Según nos vamos acercando a la primavera la vid empieza a crecer y los brotes son guiados y fijados manualmente a los alambres de las espalderas.

- PRIMAVERA
Con la llegada de la primavera y del buen tiempo, las labores se intensifican. La vid continúa siendo frágil y las temperaturas por debajo de cero grados pueden poner en riesgo la vendimia. A su vez, comienza el peligro de los parásitos que nos hace permanecer vigilantes; las colocaciones de rosales cercanos a la viña, nos sirven de detectores para avisarnos de esta amenaza. En este periodo se produce la floración y eliminaremos manualmente los brotes infructuosos que aparecen en la parte más antigua de la planta; continuaremos con el atado, guía y recortado de la vid sobre la espaldera para aprovechar el sol hasta bien entrado el verano.

- VERANO
El verano llena la vid de savia, los racimos de uva se forman, se multiplican y las bayas presentan el tamaño de un guisante. Algunas plantas pueden estar demasiado cargadas de racimos, por lo que procedemos a suprimir parte de la carga, para poder alcanzar la perfecta madurez de la uva. Por último, para que las bayas aprovechen al máximo el sol, se levantan las hojas según la exposición de la parcela, evitando de esta manera la formación de podredumbre y haciendo posible la aireación de los racimos.
